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Panamá.- En Panamá mueren más de 2.000 personas al año por enfermedades derivadas del consumo de tabaco y fuman unas 220.000 personas, según cifras divulgadas hoy en el marco del Día Nacional de No Fumar.

"Tenemos un promedio de 2.090 muertes al año en el país, y eso hace que el tema del tabaco se convierta en una prioridad para el Ministerio de Salud", dijo a Efe la directora de provisión de servicios del Ministerio de Salud de Panamá (Minsa), Reina Roa.

Roa agregó que el consumo de tabaco es un asunto preocupante porque afecta a un 9,4% de la población de Panamá, una cifra que se acrecienta en las poblaciones indígenas, donde el nivel de prevalencia de su consumo llega al 13,5%, según diversos estudios.

Las cifras estimativas dadas a conocer hoy indican que en Panamá, que tiene una población de unos 3,5 millones de habitantes, hay 205.277 fumadores adultos y 19.049 jóvenes de entre 13 y 15 años.

Roa expresó que el país tiene un consumo de tabaco más bajo que otros países de Centro y Suramérica, y en lo que se refiere a la aplicación de normas de protección a la salud de las personas contra el cigarrillo aventaja a otras regiones del mundo.

Explicó que las cifras de consumo de cigarrillos en Panamá provienen de diversas estudios y encuestas a nivel nacional, entre la población de consumidores adultos y jóvenes.

Estos estudios revelan que el tabaquismo también tiene incidencia entre estudiantes de profesiones de salud, siendo los de odontología los que más consumen productos de tabaco, seguidos por los de medicina.

"Nosotros hemos avanzado en materia de publicidad, de ambientes libre de humo de tabaco, de prohibición de venta de cigarrillos a menores y en el control del comercio ilícito de productos de tabaco", detalló la funcionaria.

Roa dijo que el Minsa espera que la reciente aprobación de un aumento del 50% del impuesto al tabaco conlleve a una baja en su consumo.
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Habana,Cuba.- El XI Festival del Habano comienza este lunes en La Habana con la sofisticación que caracteriza a esa reunión anual de empresarios, epicúreos y expertos en tabaco, un oasis de lujo en un país sumido en una crónica penuria económica.

Los cientos de asistentes catarán "maridajes" de puros y licores, oirán charlas sobre el "torcido a mano", degustarán la cocina y el ron de Cuba y visitarán fábricas de tabacos y plantaciones de la provincia occidental de Pinar del Río, cuna de apreciadas variedades de la hoja, dijeron a Efe fuentes de Habanos, S.A.

Esa corporación pertenece, por mitades, al Estado cubano y a Altadis, subsidiaria franco-española de la multinacional británica Imperial Tabacco.

La feria comercial paralela al Festival mostrará hasta el viernes estuches personalizados de cigarros, cajas para conservarlos frescos (humidores) de todos los tamaños y precios, vitolas de colección y ediciones limitadas de cigarros de las marcas que comercializa Habanos.

Hace años asistía a los Festivales el líder cubano Fidel Castro, insaciable fumador de puros en décadas pasadas y luego militante antitabaco, pero desde julio de 2006 no aparece en público por la enfermedad que le llevó a ceder el poder a su hermano menor Raúl.

En 2001, sonriente y distendido, Fidel Castro asistió con su uniforme verde oliva a la cena de gala en el cabaret Tropicana, donde el veterano Compay Segundo recibió el premio "Hombre Habano" y su inseparable sombrero fue subastado por 17.500 dólares.

También hace años, al Festival solían acudir celebridades mundiales como el Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, los actores Joseph Fiennes, Mat Dillon y Jeremy Irons o deportistas como Nikki Lauda.

"Fumar cigarrillos es como tener sexo. Fumar cigarros es como hacer el amor", explicó Irons en 2005.

En la lista de celebridades figuraron, además, el bailaor español Joaquín Cortés y afamados artistas cubanos como el ya citado Compay Segundo o Chucho Valdés, pero las ediciones más recientes no han tenido personajes semejantes.

Las principales atracciones ahora serán los tabacos de 27 marcas que distribuye Habanos en todo el mundo -excepto Estados Unidos por el embargo comercial que ese país aplica a Cuba desde 1962-, entre las que destacan Cohiba, Hoyo de Monterrey, Romeo y Julieta, Montecristo, Partagás y H. Upmann.

Serán presentados esta semana varios nuevos productos (en 2008 fueron el Epicure Especial de Hoyo de Monterrey y el Mágnum 50 de H. Upmann, y en 2007 la Reserva de Montecristo y el Cohiba Maduro 5).

El Festival se cerrará el viernes 27 con la tradicional cena de gala, una de las fiestas con más "glamour" del único país comunista de América, escenario reservado para la entrega del Premio Habano del Año y la subasta de humidores, en la que se alcanzan cifras de cientos de millones de dólares.

En 2006 la gran incógnita que rodeó al certamen era si Fidel Castro iba a firmar los famosos humidores subastados, algo que finalmente no ocurrió ese año ni tampoco en 2007.

La firma de Castro era un sello distintivo de los humidores subastados en la cena de gala desde su creación.

"Era costumbre que los lotes estuvieran firmados por Fidel Castro. Como todos conocen, el presidente no ha estado muy bien", explicó el juez de la subasta de 2007 antes de dar paso a las pujas.

Este lunes ejecutivos de Habanos informarán de los resultados de 2008, año en que también los puros empezaron a sentir los efectos de la crisis económica internacional, según dijeron a Efe fuentes del sector, y las perspectivas para 2009.

El tabaco tiene una tradición de consumo en Cuba que, al menos en la historia, data de cuando Cristóbal Colón y sus acompañantes llegaron a la isla en 1492 y observaron que los aborígenes reducían a polvo o retorcían las hojas y aspiraban el humo aromático.

Los aborígenes concedían un significado religioso al tabaco y solían utilizarlo en rituales para comunicarse con sus deidades.

Denominado por los científicos "nicotina tabacum", los aborígenes lo llamaban cojiba, cohoba o cohiba (era un solo nombre pero los oídos de aquellos españoles para las lenguas nativas y su ortografía eran bastante deficientes).

Con el último nombre fue bautizada en los años 60 una de las marcas más afamadas de Habanos, la preferida de Fidel Castro.
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El Senado de Estados Unidos aprobó hoy entregar al Gobierno el control de la producción, venta y publicidad del tabaco, pese a las objeciones de la industria, que se verá obligada así a revelar qué ingredientes usa en sus productos.

La iniciativa promovida por, entre otros legisladores, el demócrata Christopher Dodd, un ex fumador, y similar a una propuesta aprobada el mes pasado por la Cámara de Representantes, concede dicho control a la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, por su sigla en inglés).

"Los milagros todavía ocurren. Finalmente el Senado de EE.UU. ha dicho 'no'" a la industria del tabaco, afirmó en una declaración emitida por su oficina el senador demócrata Ted Kennedy, quien no concurrió a la votación debido a que sufre un cáncer cerebral.

Según los expertos, la ley no sólo reducirá el número de muertes causadas por el hábito sino que también significará un ahorro anual de unos 100.000 millones de dólares en costos por atención médica.

Fuentes legislativas explicaron que la ley obligará a la industria tabacalera, que mueve anualmente 89.000 millones de dólares, a declarar de qué están compuestos sus productos, entre los que se incluyen cigarrillos, puros y tabaco de mascar.

Asimismo, el organismo del Gobierno federal estará autorizado para prohibir el uso de sustancias que considere nocivas.

Además, ordena que las tabacaleras aumenten las etiquetas de advertencia en los envoltorios de sus productos e incluyan imágenes sobre los daños para la salud que puede tener el tabaco.

También limitará la publicidad y las empresas tabacaleras deberán eliminar los términos "light", "mild" y "low", a menos que puedan demostrar que los productos que los utilicen son realmente menos nocivos.

El proyecto de ley recibió 79 votos a favor y 17 en contra, y el presidente Barack Obama, quien reconoce que ocasionalmente fuma, ha anunciado que promulgará la ley en cuanto llegue a la Casa Blanca, lo que podría ocurrir la próxima semana, dijeron fuentes legislativas.

Dodd aplaudió el voto a favor de la cámara alta y señaló que "no hay un fumador adulto en este país que desee que sus hijos comiencen a fumar y también hay muchos adultos que desean no haber comenzado jamás".

La aprobación senatorial y la eventual promulgación de la ley constituyen uno de los últimos capítulos en los esfuerzos del Congreso estadounidense por regular la industria del tabaco, que se han arrastrado durante más de una década.

Esos intentos han chocado con las barreras levantadas por la oposición de la industria, en muchos casos por la misma Casa Blanca, así como las que representaban los procedimientos legislativos.

Además, se produce 27 años después de que el director de Salud de EE.UU. emitió el primer informe en el que advirtió que el consumo de cigarrillo era la principal causa de la mortalidad por cáncer en el país.

Hace dos años, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) informó que en Estados Unidos había 43,4 millones de fumadores, lo que equivalía a una de cada cinco personas.

Sin embargo, el bombardeo permanente de advertencias sobre los daños para la salud provocados por el tabaco ha logrado reducir su consumo en el país, según fuentes médicas.

La campaña de concienciación se ha librado sin pausas y actualmente el consumo se prohíbe en todos los edificios del Gobierno y en sitios públicos como restaurantes y estadios.

La aprobación ocurrió después de que un tribunal de apelaciones ratificara un dictamen de una corte inferior que señalaba que durante décadas las empresas mintieron acerca de los verdaderos efectos del tabaco.

Este fallo en segunda instancia añadió que la industria debía modificar algunas frases en la publicidad de las tabacaleras en las que se afirmaba que el producto era "bajo en nicotina", "light" o "ultra light", porque se ha determinado que en realidad no son más saludables.

También indicó que las compañías tenían que publicar "comentarios correctivos" sobre los efectos adversos para la salud de la adicción al tabaco.