
Nueva York,N.Y.Hay dos tipos de lectores de Corín Tellado: lo declarados y los de clóset. Los primeros son muchos, pero los segundos son una multitud.
Existen los lectores que asumen con todas sus letras que las novelas rosas de la española son la neta del planeta y los que la leyeron o la leen todavía, en la sombra, porque para ellos, parodiando el título de la novela de Norman Mailer, los tipos duros no leen a Corín Tellado.
Esa doble vida de los lectores de Tellado la descubrí con el más duro de mis amigos: Moisés Viñas, fallecido en el 2007, quien fuera crítico de cine, historiador, autodidacta y escritor frustrado.
Cierta madrugada, en una taberna nada recomendable y con varias copas atravesadas en el subconsciente, me dijo: “Para aprender a escribir leo a los grandes: a Cervantes, Dostoievski, Hemingway y a Corín Tellado”.
María del Socorro Tellado López (Viavélez, España, 1926-Gijón 2009) murió en la noche del viernes 10 al sábado 11 de abril, a los 82 años, y a pesar de la vejez y sus enfermedades, la narradora se mantuvo activa hasta el final, escribiendo relatos cortos para la revista Vanidades de Miami.
Los números que arroja su obra son impresionantes: 4,000 títulos y 4 millones de ejemplares vendidos; sin contar los millones y millones de lectores confesos y no confesos en todo el mundo.
La española tenía el don de conocer y expresar en sus novelas las pasiones que mueven los actos de hombres y mujeres, pasiones tan elementales como el amor, el odio, la envidia y el deseo no confeso.
Fue una maestra en el desarrollo de personajes y la construcción narrativa de sus historias no tiene complejidad alguna, pero son harto efectivas, sobre todo para los lectores que no son muy dados a leer libros.
Por eso, y a juicio de mi fallecido amigo, leyendo a Tellado es la mejor manera que tiene un escritor incipiente para aprender a escribir novelas.
En honor de Viñas y de quien fuera la escritora de lengua española más leída, he decidido salir del clóset y declararme lector de las novelas rosa de Corín Tellado, aunque ello me cueste la membresía del club de la pelea de Iztapalapa.
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